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viernes 27 de enero de 2012

Victorio y Agnes.



-Tú crees que soy una mierda.
-No es cierto.
-Chingate Agnes, tú crees que todos son una mierda, porque tú eres una mierda.
-También yo soy una mierda Victorio.
-Tenemos 16 años, ¿cómo podemos estar haciendo esto Agnes?
-No te preocupes, cuando seas un profesionista maduro de clase media, con un carro aspiracional y  tomes multavinicos, pensarás que esto es una estupidez, lo tomarás como parte de nuestra adolescencia.
-Invocar al demonio es cosa seria Agnes.
-No invocamos al demonio Victorio ¿cuántas veces tengo que explicartelo? Es sólo un Diablo, no sé que resulte.
-Es lo mismo Agnes, con eso no se juega.
-Bueno, eso no significa que sea una mierda, soy egoísta porque fastidio tu sana moral religiosa, estás preocupado porque tus ojos te delatará hoy cuando  cenes con tus padres y te pidan hacer la oración, agradeciéndo a Dios los sagrados alimentos. Debes controlarte Victorio, no es de hombres hacer escenas durante las comidas.
-No mames, ni siquiera había pensado en eso.
-Olvidalo, cuando tengas el problema enfrente, improvisa, si lo piensas y lo actuas demasiado, te sale sobrecargado y no somos la Matrix para cagarla a cada rato.
-No mames, si se va a dar cuenta mi mamá.
-¡No se va a dar cuenta tu madre, le importan más sus novelas qué tu Victorio, y le importa más que traigas los calsetines limpios, que no se da cuenta que ya se te ven rasgos homosexuales!
-¡Que no soy homosexual, a la verga contigo!
-Bueno, no, relajate, hoy eres bien machín, un prototipo de hombre, un pinche macho alfa ¡chinga!
-Tampoco exageres puta.
-Ok puta
-¡No mames!
-Pues no me digas puta imbécil.
-Pues no me digas homosexual.
-Ok, si quieres dime puta.
-Bueno, apurate que tengo que llegar temprano a casa.
-No, momento esto de invocar al diablo, es cosa sería, pero fijate que tenemos un problema técnico, no tenemos el soporte necesario, olvide comprar los cominos.
-¿Cominos? ¿Para qué?
-No lo sé.
-¿No lo sabes? ¿Dónde dice?
-¿Dice qué?
-Que necesitamos cominos.
-En ningún lado.
-¿Entonces cómo sabes que los necesitamos?
-Lo sé Victorio y ya.
-¡Agnes, me estás inventando otra de tus mamadas! Puta madre Agnes, realmente necesitas afecto.
-Por eso estoy invocando al diablo, porque necesito afecto, o ¿qué prefieres, un psicologo?
-No, no… para nada. Olvidalo, vamos a tomarnos una cerveza.
-¿Una cerveza? Jajaja
-Para todo hay una vez, y festejasremos con cerveza, que es tu primera cerveza.
-Perfecto ¿me voy a emborrachar?
-Depende, si le hechas ganas, que no sea como tus posesiones estás rídiculas.
-No soy posesiones. Bueno, las cheves.
-Vamos
Victorio y Agnes, eran amigos desde el Garden, así era como sus madres llamaban al ridiculo parvovirus en el que los cuatro se conocieron.
Victorio y Agnes tuvieron sus primeros conocimientos sexuales observando  como los perros se apareaban en el parque, cuando sus madres histericas hablaban de un feminismo, después reprochable por Agnes de por vida.
A la edad de 8 años Agnes y Victorio observaron a dos perros machos en rituales sexuales, los dos se sorprendieron pero no dijeron nada, hasta después de un buen rato que notaron que jamás se “pegarían”, entonces Agnes comentó:
“Tú eres como esos perros, no te gustan las perras, y toda la vida vas a ser infeliz”
Victorio cuestionó su pregunta con un simple ¿Por qué? A lo que Agnes contestó:
“Pues nunca vas a poder quedarte pegado, y no vas a tener perritos”.
Y en su primera borrachera, Agnes reiteradamente le manifestaba sus conclusiones sexuales respecto a él.  No era la primera vez que Agnes se quedaba en panties y sostén, Victorio igual se desvistió, dejando solo los calzones y las calcetas.
Agnes bailaba como loca, reía y gritaba ¡estoy mareada, esto me gusta!
Victorio se levantó de la cama y bailó con Agnes, la abrazo, la cargo y cantaban, la beso en la boca y le gritaba ¡no soy homosexual!
Agnes al terminar la canción, le dijo:
-Claro que si, no podemos pegarnos.
-Claro que podemos, hagamoslo.
Victorio estaba molesto y era capaz de desvirgar a Agnes, era un trato justo, ella lo obligaba a invocar al diablo, entonces tendría que hacer ciertas pruebas que su moralidad requería para reafirmar su machismo Alfa.
-Ok, hagamoslo, pero vamos por más cervezas, para festejar también nuestra desvirginidad.
-¿Desvirginidad? Que mamadas dices.
-Ah no mames, no me digas que tu ya cogiste… Nel, también es tu primera vez.
Agnes estaba temerosa, pero era una mujer de honor y sabía que si era capaz de señalar a un hombre homosexual, tenía la obligación de comprobar sus argumentos. Camino a la tienda los dos iban callados, cada quien pensando en que harían algo que no desesaban, ninguno de los dos sabía que hacer, pero lo harían.
Y después de 12 latas de cervezas, Victorio se volvió a desvertir y la llamo a la cama, esta vez estaba totalmente desnudo y con una buena erección.
Agnes se desvistió  quedandose en ropa interior  y le preguntó ¿arriba o abajo?
-¿Arriba o abajo qué Agnes?
-Tú eres el perro que va arriba, o el perro que va abajo.
-Como quieras, subete para que me dejes agarrarte las nalgas y las tetas.
-¡Ya lo ves, lo sabía eres puto! Quieres que yo sea el perro que fornique, ahuevo, soy una maestra en esto de la psicología de maricas.
-Estas bien pendeja Agnes.
-Bueno, entonces termino de desvestirme y voy.
-Pues ya te tardaste mamacita.
-No me mamacees puto, tratame con más respeto que soy tu amiga, no tu wila.
-Ok, apurate amiga.
-Bien, deja pongo música ¿no quieres que te baile?
-Hay no mames Agnes que me vas a bailar si estas bien flaca como palo de escoba, no mames, bailame cuando tengas un chingo de carne.
-¿Cuándo tenga hijos y esté gorda?
-No, después de que te coja te va a crecer todo, eso pasa con las mujeres ya manoseadas, ya ven ¡chinga!
-Es que, quiero vomitar.
-Oh que la chingada.
Agnes se acerco a Victorio concentrandose en lo que hacía, intentaban besarse, pero cada beso les ocasionaba una contracción estomacal, Victorio abrió la ventana “para poder respirar bien”, gran error.
Victorio vomitó en la cama y Agnes con previas nauseas y la sensación nueva del asco, alcanzó a llegar hasta el lavabo, lloraba mientras vomitaba, la sensación física era tan desagradable como la mental. Le  pedía ayuda a Victorio, pero este ya estaba inconsciente abrazando su vomito. Agnes lloraba mientras se sacaba de la nariz los residuos de las hot dogs que se había comido horas antes. Se bañó y cuando salió pateó a Victorio para que lavara sus cobijas.
Victorio jamás  despertó.
Agnes tomó el telefono y llamó a la casa de Victorio:
-Si, señora, habla Agnes ¿puede venir por Victorio y por mis cobijas sucias?, Si, es que Victorio y yo nos emborrachamos, pero su hijo no tuvo la decencia de vomitar en el escusado y mi  cama esta sucia y Victorio tumbado como burro muerto en la federal, señora, eso es grave porque mi madre esta a punto de llegar y no puede ver a Victorio en ese estado inconveniente porque, nosotros le tenemos un gran respeto a su familia…
La madre de Victorio colgó con un “chinga tu madre” en su interior, Agnes siempre le había desagradado, pero tenía la mentalidad de “no prohíbirle nada a su hijo”, y fue por Victorio.
Al día siguiente en la escuela Victorio se topo con Agnes.
-Eres una puta, culera.
-¿Por?
-No mames, toma tus pinches sabanas y cobijas, si nada más por eso lo hiciste, no porque fuera a llegar tu madre, o lo que pensara de ti, a ti te vale verga lo que la gente piense.
-Pues si chinga pero ¿qué? ¿querías que lavara yo tus miados?
-No me mie pendeja.
-Claro que si, pero como soy buena amiga, eso no se lo dije a tu madre.
-Buena amiga…
Y Victorio dejo de hablar con Agnes 7 meses, tiempo que Agnes sufrió en silencio y secreto, pero se mantuvo firme, hasta que Victorio la perdonó, y ese día se volvieron a emborrachar, pero antes prepararon botes con bolsas de plastico, dobles, para no volver a tener inconvenientes de personalidad, según Agnes.

martes 17 de enero de 2012

De rutina.

Agnes llenando la hoja inscripción clínica se levanta con el meñique las gafas obscuras. Le pregunta a la enfermera sobre lo que significa número de las parejas sexuales.
-Sí, tiene que informarnos del número de parejas sexuales qué ha tenido en su vida.
-Ok. ¿Para qué?
-Estadísticas señorita.
-¿Con el número de sus teléfonos?  -Agnes sonríe.
La enfermera sonríe y le indica donde está el baño y le da una bata, instrucciones precisas, desnudarse totalmente.
-¿Las zapatillas?
-No, los zapatos no.
-Puf que alivio. Las mujeres somos más altas y peligrosas con tacones, si van a introducirme aparatos helados en el organismo preferiría sentirme bien al ser violentada.
La enfermera en esta ocasión no rió, salió de la habitación observando cómo Agnes se despojaba del vestido, notando que no usaba sostén ni bragas, preguntándose ¿Y ella se siente violentada?
Agnes se sienta en una de esas camas altas con aterradores sujetadores metálicos para las piernas y calcula la imposibilidad erótica, demasiada alta.
Entra el médico ginecólogo.
-Buenas tardes, señorita…
-Señora… Milk.
-Señora Milk. ¿En serio? ¿Es un apellido?
-Podría ser un apelativo, un sobrenombre, un pseudónimo, aún así tendría que otorgarme el servicio de gratuidad ante la posibilidad de tener cáncer ¿o no?
El médico ríe y vuelve a preguntar ¿es ese su nombre?
-Sí, ese es mi nombre.
Explica el médico:
“Bien, le explicaré, voy a introducir esta especie de hisopo grande…”
-¿dónde? –Pregunta Agnes asustada.
-En tu vagina- responde el médico consternado e indignado ante la burla.
-Es que… ¿me va a doler? –Agnes fingidamente asustada.
-No, le explicaré, se va a relajar, respirar profundo y le introduciré este aparato llamado espejo y ya dentro, meteré el hisopo y sentirá un ligero pellizco, eso es todo.
-Ok
Agnes se recuesta.
El médico lee el historial clínico y pregunta sobre sus parejas sexuales…
-¿sólo una pareja sexual?
-si
-¿si?
-Bueno no, pero los otros dos no cuentan porque ya están muertos. –Agnes ríe.
El médico no puede evitar una carcajada simple, pero no indaga más, y por supuesto no le cree. Se acerca a ella y le dice que está mal acomodada, que se baje un poco más.
Agnes le dice que no puede que la ayuda.
El médico se niega, le dice, la cadera más abajo.
Agnes frustrada grita ¡no puedo!
El médico la jala de las piernas, le dice que levante la cadera.
-¿se ha hecho el Papanicolaou alguna vez?
-Año tras año, como Dios manda.
El médico se siente un estúpido.
Termina el proceso mecanico, le enseña en una tablilla de cristal la muestra que será analizada, pero con determinado sarcasmo le dice:
-Bueno pero si ya conoce el proceso ¿verdad?
-A la perfección- Contesta  Agnes.
Esta se incorpora y se quita la bata.
-¿qué hace?
-Es hora de revisarme los senos ¿no?
-Si…
Él termina de ponerle el número de expediente a las tablillas, se sienta en el escritorio, intenta leer, repite el domicilio, el nombre del conyugue, teléfonos de emergencia, no la mira, nota la sombra en el piso, es medio día y la enfermera se fue para nunca más regresar, no sabe si desea o no que regrese ¿qué es esta clase de mujerzuela qué se excita con un examen ginecológico?
Sin más preguntas estúpidas se levanta mirándola directo a los ojos,  creyéndola peligrosa, tiene miedo de su mirada sobre los pantalones.
-¿así que te llamas Agnes?
-Oh ya me hablas de tú. Si, así me puso mi mamá.
-Relájate Agnes, entiendo que esto es vergonzoso y difícil para ustedes, pero es algo que se tiene que hacer por su bien, muchas mujeres mueren de cáncer todos los días.
-Estoy relajada, tú me relajas –Agnes erguiendo el pecho con los ojos le muestra los senos y la erección de sus pezones.
-Jaja yo te relajo- Dice el Doc. Y con un paso atrás cruza los brazos y mueve la cabeza, ya no le importa que sobre su bata se note una erección.
-Ajá…
El Médico se acerca y la palpa, le dice que levante los brazos. Agnes agarra su cabellera y echa la cabeza para atrás. Su imaginación estará plagada de pensamientos obscenos, el silencio la ayuda a imaginar la boca del medicucho de quinta sobre ella, lamiendo su piel. Su trabajo le ha costado capturar a aquel salvaje espécimen en esa habitación roída por la corrupción mexicana y ahuyentar a la enfermera gorda con un mensaje alarmante que  mentía sobre la integridad de su marido.
Agnes fingió dolor y echo su cuerpo hacia adelante cayendo casi encima del médico, pero este retrocedió y sin embargo sus manos quedaron sujetándola. Ya le había tocado las piernas, los senos y ahora la cintura.
Le ordeno recostarse sobre la cama, un procedimiento no rutinario pero lo haría ¿por qué? Él lo sabía pero no lo aceptaba.
Sobre su vientre hundió los dedos, preguntó por molestías. Agnes decía ¡si, si, me duele! Pero el médico ya no le creía nada, y sin embargo dejo tomarse de la mano sostenida por las manos de Agnes sobre su pecho desnudo. Se miraron con el dramatismo estúpido a punto de reír, pero de pronto se alejaron.
-¿Así qué este es tu teléfono?
-Si
-¿A qué hora te encuentras? Por si necesito informarte algo, claro…
-Bueno, es el teléfono de mi esposo, si algo tengo, infórmaselo a él.
-¿Y el tuyo?
-Procuro no dar mi teléfono por frecuentes acosos sexuales… tu sabes.
El médico sentíase realmente imbécil al no comprender la ecuación aquella. Incluso viéndola vestirse, despacio se preguntaba ¿qué fue esto?
Le dio a Agnes la cartilla  y esta agradeció  estrechándole la mano.


Antor llega de trabajar todos los días cuando el sol empieza a ocultarse. Agnes lo recibe con un beso, siempre la encuentra en la cocina preparando su cena.
Se sientan y ella parlotea todo lo que hizo en el día.
“Fui al super y estuve comparando 10 minutos que papel higiénico comprar, fue algo estresante, porque al final compré el mismo de siempre, se me perdió el carro en el estacionamiento, juro que me lo movieron, pero ya sabes, siempre me confundo. Otra vez tenía ganas de llamar a “M” pero me dio miedo encontrarme con un wey frustrado y jodido, sí que sólo me masturbe pensando en él cuando me bañaba…”
-Pinche zorra, no cambias.
-no…
“Luego, te juro que intente ir al gimnasio de nuevo, pero me vi al espejo y dije, no, aún no estoy tan marrana, y desistí, si quieres ya no pagues las mensualidades, no tiene caso que vaya sólo una vez al mes.  Pero me encontré a Victorio en el banco y ya sabes, hablamos de lo imbéciles que somos para usar el internet y que gracias a Dios nos veíamos por eso, fuimos a desayunar y echamos una platicada, esta jodidísmo el wey, le pregunté por “M” y me dijo “ash no te voy a decir, primero lo abandonas y luego lo quieres”
-Espera, espera Agnes ¿hoy es el día del Santo “M”?
-No, no, es que no te lo estoy contando en el estricto orden cronológico, primero fui al super, luego al banco, luego me bañe y luego fui al médico.
-¿qué te pasa? ¿por qué fuiste al médico?
-Rutina, fui a hacerme el papanicolau
-¿Otra vez?
-Si, ya sabes, nunca falta, bueno eso y que me gustó el doctor de la otra vez, yo creo que si recordó que fui hace 3 meses pero pues… ya sabes como es eso de los tramites públicos, tal vez perdieron mi expediente y si estoy mal, pues mejor dos veces ¿no?
-Hay Agnes, mejor cállate.
-No, no, quiero contarte.
-No me cuentes.
-Ash, nunca me comprendes.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Mi corazón porno.


Ella con su estúpida risita me decía con tono suave “estoy tan enamorada de él”. Me había servido un trago  y mientras el cigarro se consumía en el cenicero de Jack Skellington  mi nariz fría sucumbía ante la autoridad de la cocaína. Quería una línea pero no frente a ella, no, no... jamás. Ya bastante respeto había perdido. No me quedaba más que mentirle de ahora en adelante. Así que fui al baño cavilando en el largo pasillo  sus malignas palabras. Ya me sentía entusiasmado sólo con ver la blancura de mi amiga cocaína. Pero mis manos tembleques de ira arruinaron el único papelito que tenía. La histeria recorrió mis sienes y salí como energúmeno celoso hacia donde ella sentada en el taburete sorbía agua natural y miraba poseída al cielo.
-¿Así qué muy enamorada?
-Si, muy enamorada...
Y fue entonces como mi mano guiada por mis protervos  celos cayó sobre su mejilla blanca. Ella reaccionó de inmediato chillando insultos y salpicando lagrimas por todos lados, iba de un lado a otro aventando cosas, rodeándome. Inmutado me quedé en el centro de la habitación moviendo los ojos hacía donde ella se dirigía. Pensé que me abandonaría, la puerta estaba abierta, saldría por ella, o si hubiera tenido una pistola cerca, con el mismo temple hubiera esperado que jalara del gatillo. Pero no se fue.
Siempre imaginé que ella sería de esa clase de mujeres que juraría venganza, y no derramaría el llanto. Oh decepción.
-¿Quieres agua?
-Si.
-Rompiste tu vaso y estás descalza, deberías ponerte zapatos y barrer.
-Primero me pegas y ahora te preocupas por mis pies.
-No me preocupo por tus pies, me enoja el caos, y deberías tener cuidado... te puedes lastimar.
Me di cuenta que Agnes era una niña aún. Jugando con sus amores imaginarios, queriendo siempre competir conmigo para ganarse una medalla que muy a menudo son chocolates. La quise más que nunca, pero mi vulgar padre siempre me dijo “la dignidad ante todo”.  La levanté del sofá jalándole el brazo y la obligué a ir por el recogedor y la escobetilla.  Seguía sin defenderse, sólo lloraba. No tomaba ningún instrumento de limpieza, solo lloraba. Y me enfado más.  
Convertiría su desplante ridículo de título “te dejo por otro” por un grotesco letrero fosforescente rojo con las palabras “voy a violar a una mujer”.
La muy perra no dejo que la violara.
Cuando la tomé del talle y de un violento jaloneo la levanté escuché un jadeo que me pareció muy poco doloroso. Le agarré los senos y ella se aflojaba más. Su poca rigidez no ayudaba a mi erección. Era difícil concentrarme en penetrarla haciéndole daño. 
La aventé a la cama y se desabrochó el vestido, me mostró los senos, más blancos, más pequeños que la ultima vez que forniqué con ella. Me excité. Olvidé mi rabia, la dignidad nunca me había dado de comer. Menos me hacía feliz.
Primero me puse sobre ella  apostaría al mismo anticristo que mi alma estaba ya vendida. Yo sé la regalé y ella la malbarato. Apostaría mi alma al diablo, mis ojos eran ojos tristes. Pero ella sonreía como cualquier otro día, ni un momento dudó de mi. No tuvo miedo a que la dejara jamás. Por eso llegó con sus estupideces de amor hacía otro hombre. ¡Demontre!
La besé despacio, casi haciendo el ridículo, pero ella respiraba fuerte, me decía con los pulmones que le gustaba, que me deseaba. Y la abracé.  La penetré abrazándola. Fue algo incomodo y la lastimé. No me importaron sus orgasmos y los que acostumbra fingir.  No me parecía, ya, en el momento del coito que ella fuera digna de mi verga.  Así que la volteé y le mordí las nalgas, fuerte  y por fin, ella se asustó.  Tuvo miedo otra vez de mi. Pero le agarré muy fuerte las nalgas y deje caer mi nariz entre ellas  y aspiré. Otra vez el llanto, otra vez el cuerpo flácido, y mi lengua busca la sustancia que escucha de mi cerebro, ese rico olor, agradable aroma, conocido perturbador.  Aún lo huele. Jale sus rodillas y la incliné, le abrí las piernas, me masturbaba lamiéndola. Pero ella... otra vez contenta.
Reventé la piel cuando le golpeé las nalgas, mi mano ardía por ambos lados me inspiré pensando en el bastardo hijo de su verguera madre que me la quería quitar. Y la abracé muy fuerte, más fuerte aún, exagerando todo. Ella en verdad sufría, el dolor. Me sufría, tenía miedo, y no pude contener la risa, carcajadas como olas del océano oscuro, frío, nocturno.  Le besaba todo el cuerpo, jamás me reí como ese día. 
Desnudo me dirigí hacia la cocina. Roja. Complete el puzzle en mi cabeza.  Sentía tanta satisfacción, estaba orgulloso hasta del mismo acto vil de tomar agua desnudo en la cocina roja. Le llevé agua a Agnes. Lloraba dramáticamente, vilmente mentirosa. Pero le enseñé mi erección y me miró como perrito atento y obediente. Eso jamás hubiera hecho un gato. Era una embustera. Pero le daría una ultima oportunidad.
Me recosté sobre la cama y le dije que se subiera. De inmediato lo hizo, acomodó mi verga en su coño que no estaba muy húmedo y lo metió con fuerza intentando lastimarme. Me lastimó pero no lo demostré, le agarré las nalgas y la levanté, yo la acomodé, le clavé los dedos entre los muslos y las nalgas y la abrí mucho, la metí en mi verga empujándome lo más que pude. Y no se movió. Me gustó, estaba reaccionando la gatita. Sabía que no debía moverse. Las gatas lloran cuando las penetran, porque a los gatos no les gusta que se muevan, y las gatitas orgullosas con sus colas peludas  y su andar siniestro y soberbio, altanero siempre quieren sentir placer.
Ni yo era un gato, ni ella una gata. Pero jugábamos a serlo.
Cuando  toqué sus senos sentí su sudor, en los pliegues  donde se caen, me sentí tan atraído, ella olía. Ya olía a placer, olía a lujuria. Ella siempre quiere estar arriba. Le gusta moverse despacio, tiene el control, con su coño aprieta mi verga, se moja los labios,  me coquetea con sus ojos negros y sus pestañas largas, me manda besos, la observo como una diosa, sonriéndome, wow, me sonríe cuando hacemos el amor.  Eso es... lo acabo de entender, la amo, la amo. No me importa que ella sea coqueta con otros hombres, a mi me gusta. Me gusta como camina, me gusta como se mueve, como no pierde jamás oportunidad de enseñarme las piernas, o las nalgas, me gusta cuando de los jeans se asoma su bikini, siempre hago como que no veo, pero claro que veo, lo ven todos, les gusta a todos. Soy un estúpido macho, y ella se mueve más rápido, sabe lo que estoy pensando, sabe que la imagino desnuda, caliente con otro hombres, sabe que quiero que se coja a ese tipo, del que habla, me excita mucho...
La imagino mientras se muerde los labios y los lame, besándole la verga mientras él hunde en su coño sus sucios y ásperos dedos.  Los músicos siempre tienen los dedos ásperos. Me enfado de nuevo... ella nota que mi verga revienta y jadea muy fuerte, me moja hasta los muslos, se agarra los senos, los da, los muerdo y saboreo, están tan duros que llegan a su madurez exquisita y empiezo a sentir calambres en el corazón, taquicardias, siento las de ella, escucho su corazón y me da miedo perderla, me da miedo de verla morir, es mi compañera de vida. Lárgate con otro, pero eres mía, siempre te voy a coger.  Me mira y me dice que me ama, la estúpida quiere jugar conmigo pero no sabe que de verdad la amo, de hoy en adelante, puras mentiras. Y  quiero venirme, pero la levanto  y la volteo, me vengo en ella, pero como gato, no la dejo moverse, la lastimo, la muerdo pero ella ya no puede llorar, me ha mostrado que todo lo soportará porque me la coja.
Me quito de ella, aún en un acto de humillación (según yo) sacudo mi verga en sus nalgas y le pegó otro poco, me voy al baño y me pongo a cagar (según yo), prendo un cigarro y me tardo 20 minutos, me pongo a hablar por teléfono.
Salgo desnudo y sorpresa, ella esta dormida, o finge estar dormida, desnuda. Tomo un edredón y la cubro. Me visto y me preparo un sándwich. No me gusta el futbol pero lo busqué en el televisor. Jugué un survival horror un rato. El juego que le había comprado como regalo de navidad, lo abrí y lo jugué. Pero como soy un nuevo hombre, no me gustan los juegos de niña, así que lo metí en su bolso. Me fume un cigarro. Había dejado de fumar por ella, y ella jamás lo hizo. Me fume varios cigarros, me emborraché un poco. Ella se apareció de pronto, antes de anochecer, vestida y calzada. Me sonrió.
-Agnes no me vuelvas a decir que me amas cuando me este viniendo, 
no mames, la cagas.
No sé de donde me salió inspiración para decir tan estúpidas frases. Quería seguirla humillando pero tendría que practicar mucho, no era sencillo. La volví a perder.
La lleve a su casa y la besé mucho antes de dejarla salir. Volveré a buscarla, huirá con otro, me humillará muy pronto, la extrañaré, pero ella siempre me dirá que si. 






Colaboración: Puzzylanime Cat.
Nota: Sólo colaboración =u.u= el crédito es mío.

lunes 21 de noviembre de 2011

5.- Karma Monster.


Madre ya se había resignado, la indiferencia de Agnes consiguió habilitar su sentido femenino, lo sé por que una noche me dijo “esa niña te ama”, claro, Madre hablaba con una autoridad matriarcal, patriarcal, monarquica y tirana, todo junto, por lo que yo conteste “Madre ella no es una niña, tiene 23 años”
En un principio me regañaba y especulaba un relación obscena cuando no salíamos de mi habitación durante toda la noche. Una de ellas encontró a Agnes en el baño orinando con la puerta abierta, los ojos de mi madre, como caricatura, en el suelo por la impresión, Agnes solo cerró la puerta y prendió un cigarro. Después se paraba frente a nosotros cuando mirábamos la tele, sus ojos turbios y amenazantes no desviaban la mirada de Agnes, espectadora televisiva. En ocasiones salía la invitación a desgastarnos con nosotros entre cervezas y salchichas con cebollas, Madre en algún momento pudo aceptar, con el tiempo vio con tristeza que no podía alterar nuestra insensibilidad, no es que no me importará, Madre, debo aclarar que la amo, es el único ser a mi lado, mi única familia, la única que recogería mi cadáver del anfiteatro, y también debo decir, que me lloraría a solas, quizá Agnes nunca se enteraría de mi muerte. Y por este mismo motivo yo me tiraba a disfrutar con Agnes lo más insignificante de la vida, con la filosofía de “disfrutar no significa sonreír”, así pasábamos horas, días… así sucedió. 

Conocí a Agnes hace  años, y desde entonces la admiro… reconociendo que no soy un ser humano normal, la admiro. Por sus impresiones peligrosas e inmorales en mi vida, admiro la simplicidad que porta para presentarse ante mi cuando no la quiero volver a ver jamás, ella argumenta en ocasiones “tienes toda la razón, soy de lo peor, ¿pero qué podemos hacer?” Y ejecuta un rostro de animalito salvaje en estampita ridícula para novios cursis diciendo “me puedes educar y amaestrar, porque soy bonita y se que me quieres tener”. 
Otras ocasiones solo  con su insufrible cara de “hoy es el día mundial del sexo” y se planta frente a mi sin decir palabra a mirarme obscenamente, a tocarse sin pudor las piernas, a fingir posiciones sexuales… Hasta que reconozco, “si, soy un entupido, y tengo más calor que dignidad”.

Nunca pensé en la razón de Madre, sobre el amor de Agnes. Yo había concluido que mi novia descerebrada despertaba algún recuerdo jovial, o tal vez en ella ya estaba asentada sin mucha piedad la aceptación de la vejez por lo que no quería destruir la emoción de lo único que amaba, o sea, yo… Lo más seguro es que Madre, que ya estaba harta de querer aniquilar mi romance con la dulce doncella de negro y aplicando psicología inversa como última opción esperaba el día de nuestro desenlace. 

Cuando yo aún no llegaba y Madre recibía a Agnes, la hacía esperar en el sofá, siempre ofrecía algo y Agnes siempre pedía leche, mi madre siempre preguntaba sobre algún complemento para saborizarla, pero Agnes con horror siempre lo rechazaba. Madre hablaba, frente a ella, observándola comer galletas y saborear la leche repasaba su vestimenta con minuciosidad, se que Madre ponía especial atención en la limpieza, calificaba las uñas impecables siempre y reprobaba el cabello, a ella jamás se vio con el cabello desamarrado, eran cosas de mujeres “despiadadas” según su madre, según su abuela y según yo refutándola a menudo concluía “seguramente cuando me concebiste estas pulcramente peinada, madre querida, madre adorada”. Mientras la rutina de 10 minutos pasaba, porque he de decir que Agnes procuraba estas entrevistas a menudo sabiendo que yo llegaría pronto, mi progenitora acariciaba a Candy, su gato, de nombre femenino, pero en realidad era un macho. Mi madre aseguraba que de Candy habían emanado 6 gatitos, y que por esa razón nunca la dejaba salir, defecaba con obsena pulcritud en su cesto de arena y era peinada 2 veces al día, a la par con mi madre en la mañana y en la noche cuando se disponían a dormir en la misma cama. Yo había percatado cierta violencia en el gato, que cada año al recibir sus vacunas era explicada por el veterinario como “el gatito necesita una gatita”… Mucho tema sobre Madre y gato, la explicación monstruosa es la siguiente historia protagonizada, obviamente por Agnes.

Era domingo. Agnes tendida en mi cama no quería despertar, yo llevaba varías horas viajando por la red, conspirando con mi falta de voluntad para evitar mis responsabilidades domesticas. Con auriculares y lentes obscuros había solucionado mi problema de personalidad al mirarme al espejo. Hubiese podido bañarme pero me gusta oler a ella después de 2 días solos, las axilas supuraban aquel hedor que combinado con hormonas no me desagradaba en absoluto, tome sorbos de refresco de cola sin gas, olvidados por dos noches atrás y bebí leche para emprender la introspección, jale tres veces al cigarro de cannabis y escuche aquella canción She’s dangerous, entonces ya en el plan elevado mire y pregunte ¿Qué haces en mi cama? ¿Por qué te tomas toda mi leche? ¿A que hueles? ¿Por qué quiero sacarte de mi vida? Y el devenir de preguntas con mis ojos agotados me hizo ir hacia ella que acurrucada como feto soñaba con mis pesadillas, sonreía y con pecaminoso rostro me hacía enfadar, sabía que la amaba pero a veces eran volátiles mis celos y corrompían mi estoicidad. La canción solo para mi uso personal custodiaba aquel performance, me preguntaba ¿qué me hace? ¿Qué quiere de mí? ¿Cuándo me hará matar? Ella es tan peligrosa, pero con toda la pose que nos caracterizaba en aquellas épocas la escena me parecí conmovedoramente bella, creando un miedo ficticio, era solo una mujer extraña, así que la desperté.

A- ¿Por qué me despiertas a estas horas de la madrugada?
“M”- Son las 11 y esa pregunta no es tuya, es de Queta Johnson ¿no has leído otro libro en todos estos años?
A- “De Perfil”

Besos, caricias, un vaso de agua para Agnes porque no quería levantarse a lavarse los dientes y había leído en una revista para chicas Glam que con un vaso de agua en el buró el romance podría empezar bien desde el amanecer… a las 11 de la mañana.

A- Quiero escuchar música… mmm “ceremony” ¿va?
“M”- Ok, ¿quieres mota?
A- Si, quiero leche también y una galleta habanera y un moco tuyo para empezar una colección de tus fluidos y…quiero que cuando sea navidad asesinemos a un mono para sacarle los ojos y regalarle a nuestros amados esposos un collar de ojos de chango
“M”- ¿cuáles esposos? jaja ¿no me digas que ya te casaste y yo no lo sé?
A- No, pero en esa navidad estaremos casados y me darán ganas de verte cuando me compre un abrigo enloquecedor, de esos para usar desnuda y mi esposo me ignore, entonces te llamare, pero eso es lo que deseo en este momento, en el futuro te cambiaré por otro amante…
“M” - ¿y si yo no estoy casado?
A- Entonces no te llamaré
“M”- ¿Por qué? ¿Si yo te quiero ver y tu fuiste la traidora? ¿Por qué no me llamarás?
A- Por qué jamás te habré dejado de ver entonces, siempre habrás estado conmigo.
“M”- Que mamadas…
A- Si, pero sería peor si tu y yo nos casamos ¿no crees?

“M” no contestó, prefería no pensar cuando estaba drogado, se inclinaba mejor a saborear, a tocar y escuchar.

Cuando se había llevado a cabo el protocolo (cannabis, leche, coca, tabaco) para mi intromisión a su cuerpo, mis ojos penetraban en la piel de su abdomen, su ombligo extraño me alucinaba, mordí su circunferencia, quería lastimarla, me gustaba escucharla sufrir, me agradaba observar su tolerancia al dolor que yo le causaba, así que seguí mordiendo. Me encontré en la rodillas rasguños finos con sangre seca y pregunte a la querida princesa de negro  la procedencia de estos. Ella sonrió degustando su veneno que ya reflejado en sus ojos la hizo balbucear “el gato esta encerrado en la alacena desde el viernes…”

Algunas de las exclamaciones mías pasmadas textualmente aquí:

¿Estás loca? si, claro lo sé, eres estupida, ¿quién te crees? esto es lo peor que has hecho, ¿qué te hizo el pobre animal? Mi madre se va a morir y no quiero trabajar, voy a tener que vender la casa, no mames Agnes, ¿no te puedes masturbar cuando estas ansiosa? ¿Qué pedo contigo? Perra, perra Agnes… ¿dónde dijiste que esta el pinche animal?

Agnes ya desnuda estaba en la cocina, segura de si misma como en sus aposentos infernales me señalo con la mano un STOP y con una espectacular sonrisa y cigarro en la mano anuncio:

Con ustedes “el gato”

Abrió la puerta con la reverencia adecuada. Repitió “el gato”. El gato no salió. Con fursilería  argumento “por eso no me dedico al negocio del espectáculo, trato con puros ebrios, ninfomanas y drogaditos… y con gatos”

Me acerque con sigilo y vi. al animal tumbado entre cereales y latas en un reducido espacio de guantera de compacto. No dije nada, mire a Agnes que miraba al animal con decepción y reproche.

Ella tomó un tenedor y dijo “si me vas a hacer esto, si me vas a quitar a tu dueño,  al dueño de mis piernas, entonces… tendremos que fingir una muerte violenta para que tu mamí no se suicide y mi amor no se quede solo en este planeta mal cuidado” y pico al animal, este se reaccionó con maullidos aterradores y movimientos violentos y descincronizados, por lo que cerré la puerta para que no escapara.

El animal después de algunos minutos se calmó aunque no dejaba de hacer ruidos “reveladores”, así llamados por Agnes, quien aseguraba que el gato estaba poseído por el diablo. Yo seguía odiándola, y he de mencionar que en el estado que me encontraba no ese nada agradable odiar a alguien, sentía que la podía matar allí mismo, pero seguía desnuda, y me ocasionaba un tremendo asco matar a alguien desnudo.

Como pudo, pero mejor dicho, con palabras acogedoras y ruidos extraños Agnes agarro a Candy y lo tranquilizó, mi enojo no cesaba…

Agnes saco del refrigerador un vaso con leche, que siempre me pregunte si lo había dejado allí con anticipo, sabía que el animal estaba hambriento, le sugerí croquetas, pero ella se negó “Candy esta harto de comer croquetas energéticas y vitaminadas con la frigidez de tu madre”, derramó un poco de leche en el piso, lo que causo mi estupor, sabía que algo pretendía, pero no me alejaría de ella, aunque nunca pensé en lo que sería capaz de hacer. El gato hambriento lamió la leche y ronroneó alrededor de Agnes quién se había sentado en una silla. Agnes abrió las piernas y vertió más leche en su vientre, el gato se trepo y lamió, maúllo, quería más. Ella entonces me enseño la palma de su mano, y haciendo una cuchara  con su mano sirvió un poco de leche que se embarro en el pubis, el gato busco… de allí en adelante el gato se alimento de Agnes, lamió las piernas, el clítoris, la vágina (Por Dios me cagan los nombres ciéntificos cuando un felino lame a una chica).  Y Agnes servia poco a poco, se reclinaba, intentaba introducir la mayor cantidad de leche dentro de ella, el gato lengüeteaba con un carisma embriagador, yo observaba fascinado, imaginaba la lengua rasposa del gato, quería que el gato me compartiera de su leche, pero no hice nada ante el miedo de desistir al gato de su tarea, o su alimentación, de vez en cuando Agnes lo cargaba y lo miraba, jugaba con sus bigotes y el gato limpiaba sus bigotes con la lengua. Cuando Agnes estaba a punto de explotar me miro, tomo al gato y vació toda la leche sobre ellos y me gritó ¡un gato no me va a ocasionar un orgasmo, es un pecado” y fui por ella.

No supe del gato, sabía que no era la primera vez que enloquecía por esa mujer, tenía miedo pero no sabía por qué. Y la tomé, la amé, la hice  pensamientos feos y malos, ella me lo pide cuando se siente bien, degusté su cabello negro mezclado con leche, me canse mucho, me costó varios minutos respirar correctamente, pero lo hice, la sacie, eso me ocasiono felicidad, sabía que se mantendría calmada un tiempo.


Me equivoque.

Cuando llenaba la tina para bañarnos pensaba en ella, en la calma que me producían esos momentos, después del amor. Mis dedos tocaban el agua, los espejos se empeñaban y yo estaba seguro de que Agnes seguía tumbada en la cocina, en otra dimensión corriendo feliz por un campo de amapolas… fumándoselas tal vez, pero feliz. Un momento ¿seguía en la cocina? ¿Sola con el gato?

¿Se han preguntado por qué se comete un error dos veces? El amor mata.

Me inmuté, tendría que confiar en ella, o resignarme a ella.

La puerta se abrió despacio. Agnes por primera vez me llamo “mi amor”

“Mi amor mira lo que le paso al gato, creo que se murió porque lo querías más que a mi”.