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martes 17 de enero de 2012

De rutina.

Agnes llenando la hoja inscripción clínica se levanta con el meñique las gafas obscuras. Le pregunta a la enfermera sobre lo que significa número de las parejas sexuales.
-Sí, tiene que informarnos del número de parejas sexuales qué ha tenido en su vida.
-Ok. ¿Para qué?
-Estadísticas señorita.
-¿Con el número de sus teléfonos?  -Agnes sonríe.
La enfermera sonríe y le indica donde está el baño y le da una bata, instrucciones precisas, desnudarse totalmente.
-¿Las zapatillas?
-No, los zapatos no.
-Puf que alivio. Las mujeres somos más altas y peligrosas con tacones, si van a introducirme aparatos helados en el organismo preferiría sentirme bien al ser violentada.
La enfermera en esta ocasión no rió, salió de la habitación observando cómo Agnes se despojaba del vestido, notando que no usaba sostén ni bragas, preguntándose ¿Y ella se siente violentada?
Agnes se sienta en una de esas camas altas con aterradores sujetadores metálicos para las piernas y calcula la imposibilidad erótica, demasiada alta.
Entra el médico ginecólogo.
-Buenas tardes, señorita…
-Señora… Milk.
-Señora Milk. ¿En serio? ¿Es un apellido?
-Podría ser un apelativo, un sobrenombre, un pseudónimo, aún así tendría que otorgarme el servicio de gratuidad ante la posibilidad de tener cáncer ¿o no?
El médico ríe y vuelve a preguntar ¿es ese su nombre?
-Sí, ese es mi nombre.
Explica el médico:
“Bien, le explicaré, voy a introducir esta especie de hisopo grande…”
-¿dónde? –Pregunta Agnes asustada.
-En tu vagina- responde el médico consternado e indignado ante la burla.
-Es que… ¿me va a doler? –Agnes fingidamente asustada.
-No, le explicaré, se va a relajar, respirar profundo y le introduciré este aparato llamado espejo y ya dentro, meteré el hisopo y sentirá un ligero pellizco, eso es todo.
-Ok
Agnes se recuesta.
El médico lee el historial clínico y pregunta sobre sus parejas sexuales…
-¿sólo una pareja sexual?
-si
-¿si?
-Bueno no, pero los otros dos no cuentan porque ya están muertos. –Agnes ríe.
El médico no puede evitar una carcajada simple, pero no indaga más, y por supuesto no le cree. Se acerca a ella y le dice que está mal acomodada, que se baje un poco más.
Agnes le dice que no puede que la ayuda.
El médico se niega, le dice, la cadera más abajo.
Agnes frustrada grita ¡no puedo!
El médico la jala de las piernas, le dice que levante la cadera.
-¿se ha hecho el Papanicolaou alguna vez?
-Año tras año, como Dios manda.
El médico se siente un estúpido.
Termina el proceso mecanico, le enseña en una tablilla de cristal la muestra que será analizada, pero con determinado sarcasmo le dice:
-Bueno pero si ya conoce el proceso ¿verdad?
-A la perfección- Contesta  Agnes.
Esta se incorpora y se quita la bata.
-¿qué hace?
-Es hora de revisarme los senos ¿no?
-Si…
Él termina de ponerle el número de expediente a las tablillas, se sienta en el escritorio, intenta leer, repite el domicilio, el nombre del conyugue, teléfonos de emergencia, no la mira, nota la sombra en el piso, es medio día y la enfermera se fue para nunca más regresar, no sabe si desea o no que regrese ¿qué es esta clase de mujerzuela qué se excita con un examen ginecológico?
Sin más preguntas estúpidas se levanta mirándola directo a los ojos,  creyéndola peligrosa, tiene miedo de su mirada sobre los pantalones.
-¿así que te llamas Agnes?
-Oh ya me hablas de tú. Si, así me puso mi mamá.
-Relájate Agnes, entiendo que esto es vergonzoso y difícil para ustedes, pero es algo que se tiene que hacer por su bien, muchas mujeres mueren de cáncer todos los días.
-Estoy relajada, tú me relajas –Agnes erguiendo el pecho con los ojos le muestra los senos y la erección de sus pezones.
-Jaja yo te relajo- Dice el Doc. Y con un paso atrás cruza los brazos y mueve la cabeza, ya no le importa que sobre su bata se note una erección.
-Ajá…
El Médico se acerca y la palpa, le dice que levante los brazos. Agnes agarra su cabellera y echa la cabeza para atrás. Su imaginación estará plagada de pensamientos obscenos, el silencio la ayuda a imaginar la boca del medicucho de quinta sobre ella, lamiendo su piel. Su trabajo le ha costado capturar a aquel salvaje espécimen en esa habitación roída por la corrupción mexicana y ahuyentar a la enfermera gorda con un mensaje alarmante que  mentía sobre la integridad de su marido.
Agnes fingió dolor y echo su cuerpo hacia adelante cayendo casi encima del médico, pero este retrocedió y sin embargo sus manos quedaron sujetándola. Ya le había tocado las piernas, los senos y ahora la cintura.
Le ordeno recostarse sobre la cama, un procedimiento no rutinario pero lo haría ¿por qué? Él lo sabía pero no lo aceptaba.
Sobre su vientre hundió los dedos, preguntó por molestías. Agnes decía ¡si, si, me duele! Pero el médico ya no le creía nada, y sin embargo dejo tomarse de la mano sostenida por las manos de Agnes sobre su pecho desnudo. Se miraron con el dramatismo estúpido a punto de reír, pero de pronto se alejaron.
-¿Así qué este es tu teléfono?
-Si
-¿A qué hora te encuentras? Por si necesito informarte algo, claro…
-Bueno, es el teléfono de mi esposo, si algo tengo, infórmaselo a él.
-¿Y el tuyo?
-Procuro no dar mi teléfono por frecuentes acosos sexuales… tu sabes.
El médico sentíase realmente imbécil al no comprender la ecuación aquella. Incluso viéndola vestirse, despacio se preguntaba ¿qué fue esto?
Le dio a Agnes la cartilla  y esta agradeció  estrechándole la mano.


Antor llega de trabajar todos los días cuando el sol empieza a ocultarse. Agnes lo recibe con un beso, siempre la encuentra en la cocina preparando su cena.
Se sientan y ella parlotea todo lo que hizo en el día.
“Fui al super y estuve comparando 10 minutos que papel higiénico comprar, fue algo estresante, porque al final compré el mismo de siempre, se me perdió el carro en el estacionamiento, juro que me lo movieron, pero ya sabes, siempre me confundo. Otra vez tenía ganas de llamar a “M” pero me dio miedo encontrarme con un wey frustrado y jodido, sí que sólo me masturbe pensando en él cuando me bañaba…”
-Pinche zorra, no cambias.
-no…
“Luego, te juro que intente ir al gimnasio de nuevo, pero me vi al espejo y dije, no, aún no estoy tan marrana, y desistí, si quieres ya no pagues las mensualidades, no tiene caso que vaya sólo una vez al mes.  Pero me encontré a Victorio en el banco y ya sabes, hablamos de lo imbéciles que somos para usar el internet y que gracias a Dios nos veíamos por eso, fuimos a desayunar y echamos una platicada, esta jodidísmo el wey, le pregunté por “M” y me dijo “ash no te voy a decir, primero lo abandonas y luego lo quieres”
-Espera, espera Agnes ¿hoy es el día del Santo “M”?
-No, no, es que no te lo estoy contando en el estricto orden cronológico, primero fui al super, luego al banco, luego me bañe y luego fui al médico.
-¿qué te pasa? ¿por qué fuiste al médico?
-Rutina, fui a hacerme el papanicolau
-¿Otra vez?
-Si, ya sabes, nunca falta, bueno eso y que me gustó el doctor de la otra vez, yo creo que si recordó que fui hace 3 meses pero pues… ya sabes como es eso de los tramites públicos, tal vez perdieron mi expediente y si estoy mal, pues mejor dos veces ¿no?
-Hay Agnes, mejor cállate.
-No, no, quiero contarte.
-No me cuentes.
-Ash, nunca me comprendes.

1 comentarios.:

la MaLquEridA dijo...

Dos veces el papanicolau en tres meses es poco para Agnes digo yo je.