Agnes está paranoica, loca, violenta y fácil de ingerir. Me pidió un vaso con mitad de coca cola y mitad de leche. Luego de tomársela, olía delicioso, fumándose un cigarro de esos de cajetillas azules me recordó mi complejo de Edipo, cuando Madre aún recordaba ser mujer y me amamantaba sin piedad a la vez que sorbía fugaces traguitos de whisky aspirando nicotina como toda una burócrata viendo telenovelas en su sopor de mujer perturbada, esperando a mi padre que la abandonó luego de haberse encontrado una mujer mas piernuda (palabras despechadas de Madre). Pero como Madre se volvió loca, empezó a culpar al alcohol al no haberse encontrado otro hombre para sobrevivir, prohibió el alcohol en esta casa, y como soy un hijo muy obediente estoy fumando cannabis con mi linda novia que no tiene unas piernotas y que sin embargo es igual de reprimida que mi madre. Pero es lo único que tengo, a Agnes con su mozo cuerpecito de 18 años mal comidos.
Agnes come como loca galletitas de chocolate, mi gato le huele el pubis, sé que a él le encantaría meter su cabecita entre sus muslos, ah si, claro a él le encantaría, y a mi me gustaría observar, pero no sé aún como explicarle a ella estos menesteres del sexo, un día me salió con la cuestión retrograda de “si me atrevo a todas esas cosas que suenan interesantes, ¿qué haré cuando me case?” La neta yo puse cara de “no, pues… sí”. Porque mi falta de experiencia no supo actuar, ¿cómo carajos le explicas cuando estás super caliente, imaginándote a la chica frente a ti desnuda, agitándose con sus propias manos los senos para desprenderse de uno de ellos y agarrarte la verga con un dolor tremendo que me ocasiona la muerte? pero yo pensé en el interior de mi cabeza “a mi que pitos me importa yo no me voy a casar contigo”. Bueno eso fue cuando le dije que tuviéramos sexo anal, ¿cómo le pediría ahora que me dejara ver como el gato lamía su pussy? Soy bueno, en teoría, ni siquiera me la he cogido y ya pienso en prostituirla.
Pues lo olvide para no perjudicar más mi mala reputación.
Y… Agnes seguía escuchando el Edit Club Mix de aquella rola, Nothing Sacred, fumaba, tomaba leche, le echaba coca, comía galletitas de chocolate, repetía la acción una y otra vez. Yo quiero acercarme a ella, pero con su pose dark me rechazará, quiero besarla, quiero ser el gato que le lama las piernas, no hay mucha diferencia entre el animal sapiente (o sea yo) y el felino de 3 kilos, yo ya me he convertido en su gato lame botas, aquí sentadito seguro que mi jefa no llegará hasta dentro de 5 horas, seguro de que Agnes no me aflojará, seguro de tener unos pinches ojitos de mariguanito diabólico arrejuntado con la princesa dark frígida. Así de barato me sale esto de la leche con cola.
Pero me aprovecho de una canción cuando Agnes mueve la cabecita, sentimental y pasible.
-Nena ¿me dejas ser tu gato?
-Los gatos son bonitos, tú eres horrible.
-Si me dejas ser tu gato, te nombraré reina de los gatos.
-Pero tú eres un anarquista.
-Yo seré aquel gato que te traicione después de lamer tu pussy.
Agnes me miro y me preguntó por una rola de Type O Negative. Yo ni sabía cual era ese grupo pero le dije, si, presté el disco. Al otro día corrí en chinga a conseguir uno. La volví a invitar a casa.
-Agnes ya conseguí el disco de Type O Negative.
-¿Y a poco te gustan? A mi no, pero quería saber si tenías mal gusto.
Como había gastado mis ultimos centavos en el intento de complacer a la reina gatuna, me puse pedante y fui por mi hiter. A Agnes le cagaba fumar canabis con hiter, decía que eso era para los burgueses, pero era pésima armando cigarros. Se puso un poco histérica y descubrí que la histeria la ponía caliente.
-¿Qué decías de los gatos anarquistas ayer?
-No sé... que no quieres ser la reina de los mininos. Ni pedo. Sigue gobernando la nada.
-Pero los gatos anarquistas lamen pussys.
-De las reinas nada más para seducirlas y tronarlas.
-Enseñame.
“Pito para qué te quiero”. Qué me clavo en fast track en sus piernas, la inexperta (según yo) no abría bien las piernas, tuve que pellizcarle los muslos, ya bastante me estorbaban sus calzones de florecitas.
-Muy darky tú y con calzones de florecitas.
-¡Lame gato!
Y no era tan fácil como en las películas pornos, intenté buscarle el clítoris, pero carajo años más tarde me di cuenta que Agnes tenía un clítoris diminuto. Recostada sobre la mecedora de Madre, Agnes cantaba despacito una canción de plaza sesamo, y me gritó ¡Mete la lengua en el coño, imbécil! Yo fingiendo ser el profesional porno number one le mayugaba las nalgas con una mano y con la otra buscaba mi verguita que se había hecho diminuta con la reprimenda de la soberana gata.
Sus jadeos...