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lunes 21 de noviembre de 2011

5.- Karma Monster.


Madre ya se había resignado, la indiferencia de Agnes consiguió habilitar su sentido femenino, lo sé por que una noche me dijo “esa niña te ama”, claro, Madre hablaba con una autoridad matriarcal, patriarcal, monarquica y tirana, todo junto, por lo que yo conteste “Madre ella no es una niña, tiene 23 años”
En un principio me regañaba y especulaba un relación obscena cuando no salíamos de mi habitación durante toda la noche. Una de ellas encontró a Agnes en el baño orinando con la puerta abierta, los ojos de mi madre, como caricatura, en el suelo por la impresión, Agnes solo cerró la puerta y prendió un cigarro. Después se paraba frente a nosotros cuando mirábamos la tele, sus ojos turbios y amenazantes no desviaban la mirada de Agnes, espectadora televisiva. En ocasiones salía la invitación a desgastarnos con nosotros entre cervezas y salchichas con cebollas, Madre en algún momento pudo aceptar, con el tiempo vio con tristeza que no podía alterar nuestra insensibilidad, no es que no me importará, Madre, debo aclarar que la amo, es el único ser a mi lado, mi única familia, la única que recogería mi cadáver del anfiteatro, y también debo decir, que me lloraría a solas, quizá Agnes nunca se enteraría de mi muerte. Y por este mismo motivo yo me tiraba a disfrutar con Agnes lo más insignificante de la vida, con la filosofía de “disfrutar no significa sonreír”, así pasábamos horas, días… así sucedió. 

Conocí a Agnes hace  años, y desde entonces la admiro… reconociendo que no soy un ser humano normal, la admiro. Por sus impresiones peligrosas e inmorales en mi vida, admiro la simplicidad que porta para presentarse ante mi cuando no la quiero volver a ver jamás, ella argumenta en ocasiones “tienes toda la razón, soy de lo peor, ¿pero qué podemos hacer?” Y ejecuta un rostro de animalito salvaje en estampita ridícula para novios cursis diciendo “me puedes educar y amaestrar, porque soy bonita y se que me quieres tener”. 
Otras ocasiones solo  con su insufrible cara de “hoy es el día mundial del sexo” y se planta frente a mi sin decir palabra a mirarme obscenamente, a tocarse sin pudor las piernas, a fingir posiciones sexuales… Hasta que reconozco, “si, soy un entupido, y tengo más calor que dignidad”.

Nunca pensé en la razón de Madre, sobre el amor de Agnes. Yo había concluido que mi novia descerebrada despertaba algún recuerdo jovial, o tal vez en ella ya estaba asentada sin mucha piedad la aceptación de la vejez por lo que no quería destruir la emoción de lo único que amaba, o sea, yo… Lo más seguro es que Madre, que ya estaba harta de querer aniquilar mi romance con la dulce doncella de negro y aplicando psicología inversa como última opción esperaba el día de nuestro desenlace. 

Cuando yo aún no llegaba y Madre recibía a Agnes, la hacía esperar en el sofá, siempre ofrecía algo y Agnes siempre pedía leche, mi madre siempre preguntaba sobre algún complemento para saborizarla, pero Agnes con horror siempre lo rechazaba. Madre hablaba, frente a ella, observándola comer galletas y saborear la leche repasaba su vestimenta con minuciosidad, se que Madre ponía especial atención en la limpieza, calificaba las uñas impecables siempre y reprobaba el cabello, a ella jamás se vio con el cabello desamarrado, eran cosas de mujeres “despiadadas” según su madre, según su abuela y según yo refutándola a menudo concluía “seguramente cuando me concebiste estas pulcramente peinada, madre querida, madre adorada”. Mientras la rutina de 10 minutos pasaba, porque he de decir que Agnes procuraba estas entrevistas a menudo sabiendo que yo llegaría pronto, mi progenitora acariciaba a Candy, su gato, de nombre femenino, pero en realidad era un macho. Mi madre aseguraba que de Candy habían emanado 6 gatitos, y que por esa razón nunca la dejaba salir, defecaba con obsena pulcritud en su cesto de arena y era peinada 2 veces al día, a la par con mi madre en la mañana y en la noche cuando se disponían a dormir en la misma cama. Yo había percatado cierta violencia en el gato, que cada año al recibir sus vacunas era explicada por el veterinario como “el gatito necesita una gatita”… Mucho tema sobre Madre y gato, la explicación monstruosa es la siguiente historia protagonizada, obviamente por Agnes.

Era domingo. Agnes tendida en mi cama no quería despertar, yo llevaba varías horas viajando por la red, conspirando con mi falta de voluntad para evitar mis responsabilidades domesticas. Con auriculares y lentes obscuros había solucionado mi problema de personalidad al mirarme al espejo. Hubiese podido bañarme pero me gusta oler a ella después de 2 días solos, las axilas supuraban aquel hedor que combinado con hormonas no me desagradaba en absoluto, tome sorbos de refresco de cola sin gas, olvidados por dos noches atrás y bebí leche para emprender la introspección, jale tres veces al cigarro de cannabis y escuche aquella canción She’s dangerous, entonces ya en el plan elevado mire y pregunte ¿Qué haces en mi cama? ¿Por qué te tomas toda mi leche? ¿A que hueles? ¿Por qué quiero sacarte de mi vida? Y el devenir de preguntas con mis ojos agotados me hizo ir hacia ella que acurrucada como feto soñaba con mis pesadillas, sonreía y con pecaminoso rostro me hacía enfadar, sabía que la amaba pero a veces eran volátiles mis celos y corrompían mi estoicidad. La canción solo para mi uso personal custodiaba aquel performance, me preguntaba ¿qué me hace? ¿Qué quiere de mí? ¿Cuándo me hará matar? Ella es tan peligrosa, pero con toda la pose que nos caracterizaba en aquellas épocas la escena me parecí conmovedoramente bella, creando un miedo ficticio, era solo una mujer extraña, así que la desperté.

A- ¿Por qué me despiertas a estas horas de la madrugada?
“M”- Son las 11 y esa pregunta no es tuya, es de Queta Johnson ¿no has leído otro libro en todos estos años?
A- “De Perfil”

Besos, caricias, un vaso de agua para Agnes porque no quería levantarse a lavarse los dientes y había leído en una revista para chicas Glam que con un vaso de agua en el buró el romance podría empezar bien desde el amanecer… a las 11 de la mañana.

A- Quiero escuchar música… mmm “ceremony” ¿va?
“M”- Ok, ¿quieres mota?
A- Si, quiero leche también y una galleta habanera y un moco tuyo para empezar una colección de tus fluidos y…quiero que cuando sea navidad asesinemos a un mono para sacarle los ojos y regalarle a nuestros amados esposos un collar de ojos de chango
“M”- ¿cuáles esposos? jaja ¿no me digas que ya te casaste y yo no lo sé?
A- No, pero en esa navidad estaremos casados y me darán ganas de verte cuando me compre un abrigo enloquecedor, de esos para usar desnuda y mi esposo me ignore, entonces te llamare, pero eso es lo que deseo en este momento, en el futuro te cambiaré por otro amante…
“M” - ¿y si yo no estoy casado?
A- Entonces no te llamaré
“M”- ¿Por qué? ¿Si yo te quiero ver y tu fuiste la traidora? ¿Por qué no me llamarás?
A- Por qué jamás te habré dejado de ver entonces, siempre habrás estado conmigo.
“M”- Que mamadas…
A- Si, pero sería peor si tu y yo nos casamos ¿no crees?

“M” no contestó, prefería no pensar cuando estaba drogado, se inclinaba mejor a saborear, a tocar y escuchar.

Cuando se había llevado a cabo el protocolo (cannabis, leche, coca, tabaco) para mi intromisión a su cuerpo, mis ojos penetraban en la piel de su abdomen, su ombligo extraño me alucinaba, mordí su circunferencia, quería lastimarla, me gustaba escucharla sufrir, me agradaba observar su tolerancia al dolor que yo le causaba, así que seguí mordiendo. Me encontré en la rodillas rasguños finos con sangre seca y pregunte a la querida princesa de negro  la procedencia de estos. Ella sonrió degustando su veneno que ya reflejado en sus ojos la hizo balbucear “el gato esta encerrado en la alacena desde el viernes…”

Algunas de las exclamaciones mías pasmadas textualmente aquí:

¿Estás loca? si, claro lo sé, eres estupida, ¿quién te crees? esto es lo peor que has hecho, ¿qué te hizo el pobre animal? Mi madre se va a morir y no quiero trabajar, voy a tener que vender la casa, no mames Agnes, ¿no te puedes masturbar cuando estas ansiosa? ¿Qué pedo contigo? Perra, perra Agnes… ¿dónde dijiste que esta el pinche animal?

Agnes ya desnuda estaba en la cocina, segura de si misma como en sus aposentos infernales me señalo con la mano un STOP y con una espectacular sonrisa y cigarro en la mano anuncio:

Con ustedes “el gato”

Abrió la puerta con la reverencia adecuada. Repitió “el gato”. El gato no salió. Con fursilería  argumento “por eso no me dedico al negocio del espectáculo, trato con puros ebrios, ninfomanas y drogaditos… y con gatos”

Me acerque con sigilo y vi. al animal tumbado entre cereales y latas en un reducido espacio de guantera de compacto. No dije nada, mire a Agnes que miraba al animal con decepción y reproche.

Ella tomó un tenedor y dijo “si me vas a hacer esto, si me vas a quitar a tu dueño,  al dueño de mis piernas, entonces… tendremos que fingir una muerte violenta para que tu mamí no se suicide y mi amor no se quede solo en este planeta mal cuidado” y pico al animal, este se reaccionó con maullidos aterradores y movimientos violentos y descincronizados, por lo que cerré la puerta para que no escapara.

El animal después de algunos minutos se calmó aunque no dejaba de hacer ruidos “reveladores”, así llamados por Agnes, quien aseguraba que el gato estaba poseído por el diablo. Yo seguía odiándola, y he de mencionar que en el estado que me encontraba no ese nada agradable odiar a alguien, sentía que la podía matar allí mismo, pero seguía desnuda, y me ocasionaba un tremendo asco matar a alguien desnudo.

Como pudo, pero mejor dicho, con palabras acogedoras y ruidos extraños Agnes agarro a Candy y lo tranquilizó, mi enojo no cesaba…

Agnes saco del refrigerador un vaso con leche, que siempre me pregunte si lo había dejado allí con anticipo, sabía que el animal estaba hambriento, le sugerí croquetas, pero ella se negó “Candy esta harto de comer croquetas energéticas y vitaminadas con la frigidez de tu madre”, derramó un poco de leche en el piso, lo que causo mi estupor, sabía que algo pretendía, pero no me alejaría de ella, aunque nunca pensé en lo que sería capaz de hacer. El gato hambriento lamió la leche y ronroneó alrededor de Agnes quién se había sentado en una silla. Agnes abrió las piernas y vertió más leche en su vientre, el gato se trepo y lamió, maúllo, quería más. Ella entonces me enseño la palma de su mano, y haciendo una cuchara  con su mano sirvió un poco de leche que se embarro en el pubis, el gato busco… de allí en adelante el gato se alimento de Agnes, lamió las piernas, el clítoris, la vágina (Por Dios me cagan los nombres ciéntificos cuando un felino lame a una chica).  Y Agnes servia poco a poco, se reclinaba, intentaba introducir la mayor cantidad de leche dentro de ella, el gato lengüeteaba con un carisma embriagador, yo observaba fascinado, imaginaba la lengua rasposa del gato, quería que el gato me compartiera de su leche, pero no hice nada ante el miedo de desistir al gato de su tarea, o su alimentación, de vez en cuando Agnes lo cargaba y lo miraba, jugaba con sus bigotes y el gato limpiaba sus bigotes con la lengua. Cuando Agnes estaba a punto de explotar me miro, tomo al gato y vació toda la leche sobre ellos y me gritó ¡un gato no me va a ocasionar un orgasmo, es un pecado” y fui por ella.

No supe del gato, sabía que no era la primera vez que enloquecía por esa mujer, tenía miedo pero no sabía por qué. Y la tomé, la amé, la hice  pensamientos feos y malos, ella me lo pide cuando se siente bien, degusté su cabello negro mezclado con leche, me canse mucho, me costó varios minutos respirar correctamente, pero lo hice, la sacie, eso me ocasiono felicidad, sabía que se mantendría calmada un tiempo.


Me equivoque.

Cuando llenaba la tina para bañarnos pensaba en ella, en la calma que me producían esos momentos, después del amor. Mis dedos tocaban el agua, los espejos se empeñaban y yo estaba seguro de que Agnes seguía tumbada en la cocina, en otra dimensión corriendo feliz por un campo de amapolas… fumándoselas tal vez, pero feliz. Un momento ¿seguía en la cocina? ¿Sola con el gato?

¿Se han preguntado por qué se comete un error dos veces? El amor mata.

Me inmuté, tendría que confiar en ella, o resignarme a ella.

La puerta se abrió despacio. Agnes por primera vez me llamo “mi amor”

“Mi amor mira lo que le paso al gato, creo que se murió porque lo querías más que a mi”.

6 comentarios.:

lex dijo...

hace mucho que no pasaba por aquí espero poder actualizarme y familiarizarme de nuevo con tu blog saludos desde el espacio.

la MaLquEridA dijo...

Que relato tan exquisitamente degradante.

Me gusta como escribes.

Ed Aguirre dijo...

maldita sea!!! me excito el gato...

Salomè dijo...

Por Diosss, que historia!
hace 2000 años que no me sentìa tan atraìda a saber como terminaba la cosa.

Salomè dijo...

te linkeo.

Cenzontle dijo...

te gusta el buen Poe o es simplemente tus ganas de decir pendejadas, bueh como sea ojalá que mueras pronto :]